Mirar antes de enseñar
Partimos de su punto de inicio, sus fortalezas, sus ritmos y la forma en que comprende mejor el mundo.
Tu hijo no necesita aprender como todos para construir un gran futuro. En MIHARU acompañamos su proceso desde quien es, con conocimiento profesional, inteligencia artificial y sensibilidad humana.
Nuestra manera de mirar
En MIHARU no confundimos inclusión con exigir menos. Reconocemos las capacidades de cada estudiante y buscamos una forma de enseñar que tenga sentido para él, sin perder de vista los aprendizajes que necesita alcanzar.
La tecnología nos permite cambiar una explicación, adaptar una actividad y respetar distintos ritmos. Detrás de ella, un equipo de educación, salud e informática observa el proceso, orienta y activa apoyos cuando son necesarios.
Nuestro modelo
Es un proceso que comienza comprendiendo a la persona y avanza con objetivos claros, experiencias adaptables y apoyo profesional.
Partimos de su punto de inicio, sus fortalezas, sus ritmos y la forma en que comprende mejor el mundo.
Las explicaciones y actividades pueden cambiar sin perder de vista los aprendizajes que necesita alcanzar.
Profesionales de educación, salud e informática observan el proceso y orientan los apoyos en el momento oportuno.
Misión
Unimos educación diferencial, inteligencia artificial y sensibilidad humana para que pueda avanzar con tranquilidad y alcanzar aprendizajes significativos.
Visión
Queremos abrir nuevas oportunidades en Chile y Latinoamérica para que ninguna forma de aprender sea tratada como una barrera para construir futuro.
La realidad que queremos cambiar
MIHARU nace para que las diferencias sean consideradas desde el comienzo y las familias encuentren respuestas antes del desgaste.
Cada estudiante merece que sus capacidades y necesidades sean reconocidas desde el comienzo.
Adaptamos la experiencia para que avanzar no signifique dejar de ser quien es.
Detrás de la plataforma existen personas que observan, orientan y se preocupan por cada proceso.
El origen de MIHARU
“¿Por qué encontrar una educación adecuada para nuestros hijos tiene que ser tan difícil?”
Soy Ruth Fuentes, educadora diferencial y, ante todo, mamá.
Cuando llegó mi hijo y recibimos su diagnóstico de TEA, mi manera de comprender la educación cambió para siempre. Aunque mi formación me había permitido conocer la inclusión desde el ámbito profesional, vivirla como madre fue una experiencia completamente diferente.
Conocí la incertidumbre de no saber si encontraríamos el apoyo que necesitaba. Las listas de espera. Las respuestas que tardaban en llegar. El cansancio de tener que explicar una y otra vez cómo era mi hijo, qué necesitaba y por qué no siempre podía aprender de la misma manera que los demás.
Como madre, no buscaba que le exigieran menos. Buscaba que alguien pudiera comprenderlo, reconocer sus capacidades y enseñarle de una forma que tuviera sentido para él. Quería sentir la tranquilidad de que estaba aprendiendo, avanzando y siendo acompañado sin tener que dejar de ser quien era.
Esa experiencia me hizo pensar en todas las madres y familias que viven situaciones parecidas: familias que aman profundamente a sus hijos, que conocen su potencial, pero que muchas veces se sienten solas frente a un sistema que todavía no logra adaptarse a todas las formas de aprender.
También comprendí que la tecnología, cuando está guiada por profesionales y construida desde la empatía, puede ayudarnos a crear nuevas oportunidades. Puede permitir que una explicación cambie, que una actividad se adapte y que cada estudiante avance desde su propio punto de partida, sin perder de vista los aprendizajes que necesita alcanzar.
Así nació MIHARU.
No como una respuesta mágica ni como una tecnología destinada a reemplazar a las personas, sino como una nueva manera de acompañar la educación: uniendo inteligencia artificial, conocimiento profesional y sensibilidad humana.
MIHARU nace del deseo de construir el espacio que muchas madres hemos buscado para nuestros hijos: un lugar donde sus diferencias sean consideradas desde el comienzo, donde puedan aprender con tranquilidad y donde cada familia pueda saber que detrás de su proceso existen personas que observan, orientan y se preocupan.
Porque la verdadera revolución de la educación no comienza únicamente con una nueva tecnología.
Comienza cuando aprendemos a mirar, comprender y acompañar a cada niño como realmente necesita.

Una nueva manera de acompañar
Conoce una experiencia que parte desde quien es, acompaña cómo aprende y convierte cada avance en una oportunidad para seguir creciendo.
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